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SI LA QUIERES, CONOCELA. 1ª p.

Claves para aproximarse a la comarca del Matarraña
JOSÉ ANTONIO BENAVENTE
TERESA THOMSON
Probablemente la cuenca del Matarraña sea uno de los territorios aragoneses con rasgos de identidad geográfica y cultural más claros para su constitución en comarca. Su peculiar desarrollo histórico y su papel como tradicional zona de comunicación entre dos áreas geográficas distintas, el litoral peninsular y el interior del Valle del Ebro, han sido determinantes para su configuración y personalidad actual.
Un territorio de contacto entre la costa y el interior
Dos factores geográficos pueden explicar la identidad territorial e histórica de la comarca del Matarraña: por un lado, su vertebración en torno a un río, el propio Matarraña, junto con sus afluentes Ulldemó, Pena, Tastavins y Algars, que conforman todos ellos una cuenca hidrológica natural muy bien delimitada. Por otro, su proximidad al mar, del que está alejado poco más de 50 kilómetros en distancia lineal. Debido a estos condicionantes geográficos y naturales las tierras del Matarraña han tenido siempre a lo largo de su historia un claro papel de área de contacto, y en ocasiones también de frontera, entre la zona costera y las Paisaje con Los Puertos/Els Ports al fondo tierras del Valle del Ebro. Un papel de nexo y unión entre dos territorios diferenciados que han dado lugar a la comarca aragonesa con mayor carácter mediterráneo.
Un paisaje mediterráneo diverso: la montaña y el llano
La comarca del Matarraña todavía puede ofrecer una interesante diversidad de paisajes y ecosistemas bastante bien conservados. En su territorio, y desde el punto de vista de geográfico, se aprecian dos grandes áreas bien diferenciadas. Una, al sur, más agreste, montañosa y de mayor altitud, con grandes formaciones boscosas de pinares que se emplazan en las estribaciones de la Cordillera Ibérica y de la Prelitoral Catalana en cuyas alturas nacen todos los ríos que surcan su territorio.
Otra, al norte, más llana, en la que predominan los espacios abiertos y extensas vales con pequeñas elevaciones que conforman un territorio dulcificado y humanizado en el que los cultivos agrícolas de secano dominan el paisaje entre manchas de pinos.
Una flora y una fauna rica y diversa .El Matarraña conserva bien una rica y variada fauna y flora, como consecuencia de la diversidad de sus propios ecosistemas. En la agreste zona de los Puertos de Beceite, declarada Reserva Nacional de Caza, están aumentando notablemente en los últimos años los ejemplares de cabra hispánica. Sus azules cielos son surcados a menudo por importantes colonias de buitres y ejemplares de águila real, búho real y halcón peregrino. En sus límpidas y cristalinas aguas son abundantes las truchas y los cangrejos autóctonos sobre los que revolotea el mirlo acuático.
El paisaje humanizado del Matarraña, evidente sobre todo en su cuenca media, es también de una gran belleza. En las zonas llanas y en el fondo de las vales se extienden campos cuidados con esmero que suelen estar delimitados por antiguos muros de piedra y por caminos. Entre los campos, en las pequeñas elevaciones no roturadas crece el bosque mediterráneo con predominio del pino carrasco y matorral de plantas aromáticas como el tomillo y el romero en el que están prosperando los jabalíes. Las tierras de labor se han dedicado tradicionalmente al cultivo de olivares y almendros, que aparecen muy a menudo asociados, y al de pequeños viñedos.
Como nexo de unión de estos ecosistemas aparecen los cursos de los ríos
Matarraña, Tastavins y Algars junto a los cuales prospera una rica vegetación de ribera que dibuja en el paisaje unas sinuosas bandas verdes de chopos, álamos, sauces y fresnos. Junto a los ríos, que a menudo sufren importantes avenidas, se localizan las tierras de regadío y los restos conservados de numerosas obras que fueron de trascendental importancia en la vida cotidiana de nuestros antepasados: molinos harineros, batanes, fábricas, lavaderos, norias… También aquí la fauna es rica y variada siendo fácil la contemplación de aves acuáticas como la garza real, el martinete, el martín pescador o la cigüeña. Un territorio de contacto, un territorio de frontera La comarca del Matarraña, debido también a su situación de territorio de unión entre dos áreas geográficas diferenciadas parece haber jugado, a menudo, un papel de frontera a lo largo de su dilatada historia.
En la prehistoria reciente las tierras del Matarraña fueron ampliamente recorridas por grupos de cazadores y recolectores que vivieron en pequeños abrigos rocosos situados próximos a los ríos y barrancos que surcan su territorio. En el barranco de Calapatá entre Cretas y Calaceite, en Els Secans de Mazaleón y Els Figuerals de Fuentespalda, estos grupos de cazadores realizaron delicadas pinturas en las que representaron sus modos de vida y sus creencias mediante una singular manifestación cultural: el arte rupestre levantino, que ha sido recientemente declarado
Patrimonio Mundial por la UNESCO.
En los siglos VII-VI a.C. se aprecian en estas tierras rasgos culturales nuevos y bien definidos, como el de los enterramientos bajo túmulos, cuya distribución en el mapa comienza a dar a la cuenca del Matarraña un papel fronterizo o diferenciado con respecto a las tierras del litoral. La distribución de las necrópolis tumulares coincide, con bastante precisión, con el territorio de la Tierra Baja o Bajo Aragón histórico, al igual que el de las estelas ibéricas decoradas que se realizaron en los siglos anteriores al cambio de era. Se delimita así, por tanto, desde varios siglos antes de Cristo, un extenso territorio con unas características geográficas y culturales bien definidas, en el que la cuenca del Matarraña constituía su límite oriental.
Pero, sin duda, la organización actual del territorio del Matarraña tiene su origen a finales del siglo XII, en tiempos de la conquista cristiana, cuando estas tierras fueron cedidas por el Rey a obispados, como el de Zaragoza y el de Tortosa, y a órdenes religioso-militares, como la de Calatrava, para asegurar su defensa como territorio de frontera ante los musulmanes. Con la incorporación de un importante contingente de población procedente de otras zonas del norte peninsular, especialmente de Lérida, se inicia la nueva organización de este territorio en el que se comienza a hablar catalán, quedando sus nuevos pobladores bajo la unidad jurídica del fuero de Aragón y el área de influencia de la moneda jaquesa. Poco después,
con el desgajamiento del reino de Aragón y el Condado de Cataluña, a mediados del siglo XIII, la frontera entre ambos territorios quedó definitivamente establecida en el curso del río Algars, habiéndose mantenido así hasta nuestros días.
A finales de la Edad media la arquitectura gótica, de nuevo levantina,
experimenta un gran desarrollo en la comarca del Matarraña que conserva,
desde entonces, uno de los conjuntos más interesantes de este estilo en
Aragón. La Edad moderna, entre los siglos XVI y XVIII, constituyó, en general, una época floreciente en la que la agricultura del olivo y el comercio del aceite y la seda experimentan un gran crecimiento dando lugar a un importante desarrollo económico de la zona cuyo impacto es todavía patente en la sólida arquitectura civil de algunas localidades como Calaceite, La Fresneda, Mazaleón y Cretas. Pero también fue una época de esporádicos conflictos y de gran fervor eclesiástico que ha quedado evidenciado en la profusión de edificios religiosos construidos o reformados durante el periodo barroco: iglesias, conventos, ermitas, portales-capillas, peirones… La Edad contemporánea constituye, en conjunto, una época de recesión económica y de lento desarrollo provocado por los desastres de las continuas guerras y conflictos que asolaron estas tierras durante los siglos XIX y XX. Especialmente el área de Els Ports de Beceite jugó un papel primordial como lugar de resistencia armada en las diversas guerras carlistas que afectaron a muchos otros pueblos del
Matarraña. A pesar de los intentos denodados de un grupo de eruditos y propietarios ilustrados, que promovieron un importante movimiento cultural en las primeras décadas del siglo XX encabezados por el abogado calaceitano Santiago Vidiella, la comarca del Matarraña continuó con su letargo. La guerra civil española dio lugar en esta zona a una inusitada expansión de colectividades libertarias y anarquistas que fueron duramente reprimidas. A lo largo de todo el siglo XX la comarca del Matarraña ha perdido tres cuartas partes de su población. Este movimiento migratorio, dirigido sobre todo hacia Cataluña, ha sido especialmente acusado entre los años 1950 y 1980. En la actualidad, se ha frenado la emigración pero todavía se sigue perdiendo población debido al alto índice de envejecimiento de la misma. En los últimos años la creación de la Mancomunidad de Municipios del Matarraña ha dado lugar al germen de la actual comarca que, con un talante abierto y de clara unidad entre todos sus miembros, admite una doble capitalidad: la administrativa en Valderrobres y la cultural en Calaceite. La creación de la comarca del
Matarraña, regulada por la Ley 7/2002 de 15 de Abril, constituirá un nuevo hito en la larga historia de este territorio aragonés vecino de Cataluña y Valencia.

Por Editor

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